18.11.13

Fragmento de Julie :3

Me han extrañado?? Yo sé que sí, por eso, (y porque los quiero mucho, queridos lectores), he decidido compartir (una mínima parte), de Julie ^u^ deberían sentirse agradecidos, de verdad, cuando escribo en esta novela, ni a mis gatos dejo acercar a mi habitación.
Espero que les guste :3

—Maldita seas, Madison— le digo a mi compañera de piso, que está frente a mí, riéndose a carcajadas mientras abre un bolso recién robado, saca la billetera y extrae un par de billetes de diez dólares.
Escucho los gritos de los policías a lo lejos. Uno de ellos da las órdenes de que barran el lugar en busca de los tres adolescentes que le robaron el bolso a una mujer hacía tres minutos.
Esos tres adolescentes éramos Madison, Carl y yo.
A simple vista, se pueden ver tres hermanos, aunque no nos parezcamos en nada.
Madison es de Alaska. Ella y su hermano mellizo, Mike, escapan de un pasado horrible: su madre se suicidó frente a ellos. Ambos hermanos, aunque sean totalmente distintos, son idénticos físicamente. Ambos tienen rizos negros. Ambos tienen esos grandes ojos azules. Ambos tienen la piel pálida. Pero Madison vive deprimida. Los horribles acontecimientos de su vida la llevaron a hacerse gótica y ver el mundo blanco y negro, además de rojo como la sangre. Mike ha olvidado todo. Sale con Jennifer y es alegre.
Carl Night es mi mejor amigo desde que somos pequeños. Es inglés, pero de alguna forma llegó a América tras la muerte de sus padres, que fueron cruelmente asesinados frente a él y a su hermana mayor, Charlotte, a quién nunca pude conocer... hasta ahora.
En mis primeros años, odie demasiado a Carl. Ambos somos huérfanos y vivíamos en un mismo orfanato canadiense. Me molestaba, y el día en que yo eché a llorar nos hicimos amigos. Pero tampoco ayudaba la diferencia de edad.
Carl tiene cabello negro y ojos negros como una cueva. Me dijo, en su momento, que heredó el cabello oscuro de su madre y los ojos de su padre. Su piel es morena, y por pasar dos años seguidos en el gimnasio tiene los abdominales marcados.
Si no fuera mi mejor amigo, tal vez estaría enamorada de él.
Vuelvo a escuchar los gritos de los policías, ahora mucho más cerca, tal vez a la vuelta de la esquina del lugar dónde estamos parados. Tal vez una calle frente a nosotros.
Levanto la mirada del piso y veo a lo lejos, las placas brillantes.
Me quedo en shock un momento, hasta que Carl me agarra de la mano y me ayuda a correr, dejando atrás a Madison.
No sé hacia dónde vamos. Las luces de Brooklyn me marean y me hacen dudar de mis pasos.
No sé dónde piso. No sé nada. Mi mente está bloqueada, y en lo único en qué puedo pensar es en que Carl me está guiando. Carl es mi brújula.
No sé cuántas cuadras hemos corrido cuando él para al lado de un contenedor de residuos. Se apoya contra él y se sienta.
Comienzo a tambalearme por las paredes del callejón, tratando de buscar un soporte. No sé si pueda aguantar más. Mi cabeza rebota y siento los latidos de mi corazón en todo el cuerpo.
Si sigo sintiendo lo que estoy sintiendo, me voy a desmayar.
Me caigo contra la pared, al mismo tiempo en que veo como Carl se acerca a mí para agarrarme. Me abraza y me quedo entre sus fuertes brazos. Aprieto mis puños en sus mangas, pero siento que la poca energía que me queda se libera, y suelto su remera.
Él se sienta conmigo en su regazo, y me comienza a acariciar el cabello. Recuerdo que, de niños, él me contaba una historia antes de irme a la cama, una cualquiera que yo le pedía. Pero de eso ya son cinco años. Crecí.
Comienzo a llorar en su regazo, como una niña pequeña haría.
Sin embargo, eso es lo que soy: soy una niña pequeña, a la que le han sacado la infancia. Me despojaron de toda humanidad que una niña tendría que poseer. Primero, fue la muerte de mi familia adoptiva; luego, siguió la segunda adopción.
Mis padres adoptivos, que no eran más que unos padres temporales... “inhabilitados”, me golpeaban. Me inyectaban cosas extrañas.
Cuando me sacaron de allí, no podía hacer otra cosa que llorar. Luego me encontré con Carl en el internado de Massachusetts. Y luego...
Cuando Madison hace esta clase de cosas, que nos hacen correr, recuerdo los meses de maltrato que debí sufrir a manos de mis padres adoptivos. Carl me acuna y me acaricia la frente con sus labios, como un padre a su hija.
Pero nosotros somos amigos, y él me protege como si fuera mi hermano mayor.
Mi mente... siento que comienza a oscurecerse y a perder el sentido.
Lo último que veo antes de cerrar los ojos completamente para quedar inconsciente, es el brillo de una chica al final del callejón. 

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